Las personas lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo son las que lo cambian.

Anuncio «Piensa Diferente» de Apple 1997.

Steve Jobs sentado.

Hombre de poca paciencia o tolerancia ante la frustración, intensa personalidad, celoso de su intimidad. Creador de una compañía tan cargada de creatividad e innovación que ha podido sobrevivir incluso a él. Combinó el interés por las ciencias y las humanidades, estableciendo lo que sería la clave para la creación de economías innovadoras en el siglo 21.

Algunas partes de su vida y de su personalidad resultan extremadamente complejas, por ejemplo, su «campo de distorsión de la realidad». Un recurso que usaba para embellecer su propia versión de la realidad, y como testigo de ello, sus colegas veteranos de Apple afirmaron haberlo experimentado más veces de lo deseado.

Una persona que en última instancia tuvo una vida accidentada como todos; un creativo emprendedor con una personalidad abrasadora e intensa, cuya pasión por la perfección y feroz determinación revolucionaron seis industrias diferentes:

  • Las computadoras personales.
  • Las películas de animación.
  • La música.
  • La telefonía.
  • Las tabletas electrónicas.
  • La edición digital.

Se podría mencionar una séptima: las ventas al por menor, aunque esta industria no la revolucionó, pero si la renovó. Además, abrió el camino para un nuevo mercado de contenido digital basado en aplicaciones en lugar de sitios web.

En una época en la que Estados Unidos busca la forma de mantener su ventaja en el campo de la innovación y en que las sociedades de todo el mundo tratan de construir economías creativas adaptadas a la era digital, Steve Jobs destaca como símbolo definitivo de la inventiva, la imaginación y la innovación constantes.

Steve Jobs sabía que la mejor forma de crear valores en el siglo 21 consistía en conectar creatividad y tecnología, así construyó una compañía en la que los saltos imaginativos se combinaron con impresionantes hazañas de ingeniería. Fue capaz, junto con sus compañeros de Apple, de pensar diferente: no se conformaron con desarrollar modestos avances en productos de categorías ya existentes, sino aparatos y servicios completamente nuevos que los cosumidores eran conscientes de necesitar.

Steve Jobs no fue un modelo, ni como jefe ni como ser humano. Fue un hombre movido por sus demonios, que fácilmente llevaba a quienes lo rodeaban a un estado de enojo y desesperación. Sin embargo, su personalidad, sus pasiones y sus productos estaban todos interconectados, como lo están el hardware y software de Apple, igual como si fueran parte de un único sistema integrado. Por todo esto, su historia, instructiva y aleccionadora, está llena de enseñanzas sobre la innovación, los rasgos de la personalidad, el liderazgo y los valores.

A grandes rasgos, así era Steve Jobs.


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