A veces, el futuro llega disfrazado de ruptura. Otras, disfrazado de revancha. Esta vez, en la zona metropolitana de Poza Rica de Hidalgo, llegó como una mezcla de ambos. La ciudadanía habló con su voto, pero no con esperanza ciega. Lo que vimos el 1 de junio pasado no fue un cheque en blanco, fue un límite. Un “hasta aquí”.
MORENA, partido que apenas hace unos años arrasaba como un río de confianza, hoy ha sido frenado por el mismo pueblo que lo encumbró. Poza Rica, la ciudad más importante y joya del norte veracruzano, dejó de creer en la narrativa de quienes alguna vez fueron los más votados, tanto a nivel nacional como local. Llegaron como símbolo de cercanía con el pueblo y el poder presidencial. Eran mencionados en la mañanera. Se les celebraba. Pero tal parece que las expectativas fueron muy pesadas. Se redujeron salarios, aumentaron privilegios en las alturas, entre otras cosas.
La ciudadanía confirmó que la vanidad y el exceso de confianza son el peor enemigo del cambio. Y cuando se ignora la trayectoria de mujeres con experiencia y verdadero arraigo, el resultado es inevitable: la derrota.
Ganó Emilio Olvera. Un hombre que hasta hace poco era operador del mismo sistema al que hoy venció. No ganó por sus propuestas —porque casi nadie o nadie las conoce—, sino por haber logrado representar, con o sin intención, el único refugio emocional que le quedaba al pueblo: la frase que crearon y volvieron su grito de guerra: “el único equipo libre de Remes”.
La pregunta es: ¿lo sabe? ¿Es consciente de que su triunfo no se lo debe a sí mismo, sino a una frase que generó repudio ajeno? ¿Actuará con humildad o se dejará arrastrar por la euforia del poder?
Dadas las anteriores circunstancias: Poza Rica no votó por una visión. Votó contra un error. Y cuando eso sucede, los ganadores no tienen derecho al exceso, solo a la prudencia. Que no confundan la victoria con respaldo incondicional. Lo que el pueblo entregó fue el beneficio de la duda, no una lealtad perpetua.
¿Y ahora qué? ¿Se le va a echar la culpa a una persona, a un político, a un grupo? Esperamos que el árbol no les impida ver el bosque. El mismo fenómeno sucedió en Tihuatlán, Papantla y Cazones… con sus peculiares características. Pero este fenómeno sobrepasa la acción de un “simple culpable”. ¿Y la gente? La gente acaba de demostrar que no tolerará un engaño más.
¿Realmente este nuevo equipo está libre de los viejos vicios? ¿O simplemente cambió el uniforme de sus jugadores? La historia reciente nos enseña que algunos personajes saben cambiar de partido con más facilidad que de camisa. Hoy celebran la victoria naranja; hace cuatro años celebraban la de MORENA. Mañana, si repiten errores, verán cómo esa misma ola que los alzó los arrastra con el doble de fuerza.
Este es el momento para que Emilio Olvera y su equipo tomen una decisión profunda: ¿serán la capitalización del enojo o la construcción de la reconciliación? ¿Serán otra administración más… o el inicio de un nuevo pacto social basado en la conciencia y la transparencia?
Poza Rica, como toda ciudad con memoria, sabrá mirar más allá del color (ya lo demostró). Lo que viene no es un cheque firmado, sino una hoja en blanco.
Que escriban con responsabilidad.
Salomón Pascal






Deja un comentario