Las naciones europeas que habían estado involucradas en la Primera Guerra Mundial se enfrentaron con el complicado escenario de revalorizar sus monedas, una vez que el conflicto finalizó en 1918.

La fórmula evidente era retornar al patrón oro, aunque una revalorización razonable en comparación con el oro habría sido una aceptación popular del escaso valor que en ese momento tenían las monedas.

Volver a los antiguos tipos de cambio tampoco era posible, porque esto hubiera sobrevalorado el papel billete. La consecuencua probable podría haber provocado un masivo reclamo de ciudadanos pidiendo oro a cambio de sus papeles impresos, metal precioso que luego podrían haber vendido en el extranjero para obtener un beneficio.

Con todo este panorama, los estados eligieron implementar el dinero fiduciario, es decir, el dinero sustentado por decreto y no por el oro. La implantación del dinero fiduciario desembocó en una etapa de dinero inseguro, compuesto por una injerencia cada vez más alta en la economía, ya que los gobiernos se esforzaban por estabilizar el valor de sus monedas.

Ya previniendo el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, los triunfadores comenzaron a proyectar el mandamiento económico de la posguerra. Se denominó sistema de Bretton Woods, en referencia al pequeño pueblo de New Hampshire en el que sellaron su acuerdo. El concepto básico era que todas las divisas del mundo estarían enlazadas al dolar estadounidense con un tipo de cambio fijo. A su vez, el dolar estaría regido al precio del oro, también a un tipo de cambio fijo. El Fondo Monetario Internacional (FMI), que se había creado en ese tiempo, se encargaría de monitorear estos tipos de cambio. Sorprendentemente, todo el sistema exigía que el oro que cada país integrante tenía almacenado se enviara a Estados Unidos.

Técnicamente, Bretton Woods se asemejaba al patrón oro anterior a 1914, ya que todas las divisas eran supuestamente reembolsables por oro. En realidad, no operó del todo así. Estados Unidos se saltó las reglas y revalorizó su propia moneda en relación con el oro, en tanto que otros estados inflaron sus monedas en comparación con el dolar para sustentar el crecimiento económico. Con el tiempo, se abandonó ese argumento y se dejo de utilizar el oro como patrón. Sostener una moneda que se infla rápidamente atada al oro era sencillamente inviable. El 15 de agosto de 1971, el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, declaró que los dólares dejarían de ser convertibles en oro.

A partir de entonces, el precio de las monedas se determinaría abiertamente por el nexo de las principales monedas fiduciarias del mundo. Como veremos en el siguiente capítulo, las consecuencias serían catastróficas.


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