El país que no disparó… pero tampoco se desconectó

En medio del horror de la Primera y Segunda Guerra Mundial, Suiza aparece como una rareza geográfica: un país que no fue invadido, no participó activamente en el conflicto… y sin embargo, prosperó. ¿Milagro? ¿Cobardía? ¿Sabiduría diplomática?
La historia nos obliga a mirar más profundo.
Suiza no disparó una sola bala, pero sus bancos siguieron operando con total normalidad, ofreciendo resguardo financiero a ambos bandos. En tiempos de destrucción, ser el guardián del dinero ajeno puede ser más valioso que tener un ejército. Hitler no la tocó. ¿Por respeto? ¿Por miedo? ¿O porque le era útil?
La neutralidad rentable

Suiza fue zona diplomática, corredor comercial, y sobre todo, una caja fuerte en medio del infierno. Su bandera blanca con cruz roja fue respetada… porque era funcional. Neutral, sí. Pero ¿imparcial?
Como bien dice un dicho muy mexicano: “Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata.”
Y si Suiza no jaló el gatillo, bien podría haber sostenido las armas y el conflicto con sus bancos.
No basta con disparar

En un mundo interconectado, la responsabilidad ya no es exclusiva del que aprieta el gatillo o el botón.
- ¿Qué hay del que diseñó el arma sabiendo para qué se usaría?
- ¿Del que financió su fabricación con pleno conocimiento?
- ¿Del que resguardó ese dinero… mientras miraba hacia otro lado?
Neutralidad no es sinónimo de inocencia. El silencio, muchas veces, también es una postura política.
Política, economía y el arte de decidir

Lo que nos lleva a una verdad mucho más profunda, y eterna:
El poder político y el poder económico no podrán ser separados.
Desde los imperios bíblicos hasta las potencias modernas, quien tiene el oro tiene influencia… y quien gobierna, decide sobre el oro.
Por eso es tan urgente aprender a tomar decisiones informadas y conscientes. Ya no basta con repetir lo que se nos dice. Ya no alcanza con culpar a otros por lo que vivimos.
La verdadera libertad no es quedarse al margen

Solo podremos ser libres cuando decidamos con nuestro propio razonamiento, no cuando nos dicten qué pensar ni a quién culpar. Ser neutral, en el sentido más noble, implica responsabilidad, no comodidad. Y si el dinero de las balas pasó por tus manos… entonces fuiste parte del disparo, aunque no hayas apretado el gatillo.
Porque en política y en guerra, lo que no se dice… también cuenta.






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