Quién no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.

Proverbio árabe.

En 1990, los profesores Peter Salovey (Universidad de Yale) y John Mayer (Universidad de Hampshire) publicaron el primer artículo con el título «Inteligencia Emocional«. Sin embargo, el público conoció el término años después, a través del bestseller: Inteligencia Emocional, escrito por el divulgador Daniel Goleman.

Breve recorrido histórico de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional parte de ideas precursoras sobre las que está fundamentada, estas son: inteligencia social, inteligencias múltiples y las investigaciones sobre emoción y cognición.

En 1920, el Psicólogo Edward L. Thorndike postuló la existencia de un nuevo tipo de inteligencia: inteligencia social. La definió como la capacidad para relacionarnos de forma efectiva con los demás y para comportarnos con sabiduría en las relaciones sociales.

Howard Gardner, uno de los cien intelectuales más influyentes del mundo, fundó el antecedente científico más claro con su teoría de las inteligencias múltiples. Esta criticaba la visión clásica de la inteligencia, en la que se consideraba como una sola entidad, presuponiendo que nacemos con un potencial y unos límites predeterminados genéticamente y difíciles de cambiar, y que podían evaluarse mediante los famosos test de inteligencia.

Para Gardner, la inteligencia no es única sino plural, y cada persona posee al menos ocho diferentes:

  1. Inteligencia lingüística.
  2. Inteligencia lógico-matemática.
  3. Inteligencia cinético-corporal.
  4. Inteligencia musical.
  5. Inteligencia espacial.
  6. Inteligencia naturalista.
  7. Inteligencia interpersonal.
  8. Inteligencia intrapersonal.

De estas ocho inteligencias, la interpersonal y la intrapersonal serían las más conectadas de forma directa con la inteligencia emocional y formarían lo que el designa «inteligencias personales«.

Las otras seis inteligencias estarían centradas en:

  • Los símbolos: las inteligencias lingüística y la lógico-matemática.
  • Los objetos: cinético-corporal, musical, espacial y naturalista.

En contraste, las inteligencias personales estarían enfocadas en el conocimiento del ser humano.

Para Gardner, la inteligencia intrapersonal se dirige hacia el interior y la persona que la tiene «se conoce bastante bien a si misma; puede identificar sus propios sentimientos, objetivos, miedos, virtudes y defectos; y, en las circunstancias más afortunadas, puede usar este conocimiento para tomar con buen criterio decisiones importantes». En cambio, la inteligencia interpersonal nos sirve «para diferenciar a las personas, entender sus motivaciones, colaborar con ellas de una manera eficaz y, si es necesario, manipularlas».

Por último, los avances en la investigación sobre las emociones desde las neurociencias y la psicología a partir de los años 1970 y 1980 mostraron que lo emocional y lo racional funcionan de forma conjunta en nuestro cerebro.


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