Una imagen que trasciende el instante

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y esta escena parece confirmarlo: líderes occidentales, la Casa Blanca como escenario, Ucrania y Rusia sobre la mesa, y el eco de la historia resonando en cada gesto. Más allá de protocolos y discursos, lo que vemos es el intento de detener una guerra que amenaza a todos, pero también la muestra de cómo cada detalle político es cuidadosamente calculado para proyectar poder, control y legitimidad.

La historia nos recuerda que quienes hoy aparecen como árbitros también han sido arquitectos de conflictos. Desde hace siglos, las potencias han definido quién es “bueno” y quién es “malo”, diseñando relatos a su conveniencia. Cambian los nombres, cambian las banderas, pero los guiones suelen repetirse.

Y aquí surge la gran pregunta: ¿estamos condenados a repetir la historia? El ser humano se enorgullece de su racionalidad, pero sigue siendo prisionero de sus instintos más primitivos. La lucha por la supervivencia y la ambición disfrazada de justicia nos arrastran una y otra vez a los mismos errores.

El futuro no está escrito, pero para romper el ciclo debemos reconocer esa naturaleza que nos ata al pasado. Ser ciudadanos informados, críticos y responsables es el primer paso. Solo así podremos aspirar a construir algo realmente nuevo y no seguir celebrando viejas victorias con nombres distintos.

Yalta, la Guerra Fría, las Guerras de Medio Oriente. ¿Seremos capaces de escribir un nuevo capítulo o seguiremos actuando como si nunca hubiéramos aprendido nada?

Salomón Pascal


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