El mito de la Inteligencia Artificial: la herramienta no piensa, calcula

|


Hoy todo mundo habla de Inteligencia Artificial. Desde las grandes corporaciones hasta el dueño de una taquería que le pide a la versión gratuita de ChatGPT que le redacte una frase o le haga una imagen para promocionar sus tacos de pastor con crema (como se comen en Poza Rica).

Sin embargo, hay una distancia enorme entre usar una herramienta y entender qué es lo que realmente está haciendo.

Si consultamos organismos internacionales como la UNESCO, nos dirán que la Inteligencia Artificial (IA) se define como sistemas capaces de procesar datos para simular funciones cognitivas como el aprendizaje o la resolución de problemas. Pero para entenderlo sin tecnicismos ni palabras rebuscadas:

La IA no es una mente, es una calculadora gigante.

Una calculadora tradicional no «sabe» que es el dinero; solo toma los números que introducimos y calcula un resultado. La Inteligencia Artificial hace exactamente lo mismo, pero en lugar de operar únicamente con números, opera con palabras, imágenes y patrones de información.

La IA es como una calculadora gigante que opera con números, palabras, imágenes y patrones de información.

Lo que la Inteligencia Artificial NO HACE y lo que SÍ HACE

Para quitar los tabúes y el miedo alrededor de esta tecnología, hay que trazar una línea muy clara:

Lo que la Inteligencia Artificial NO hace:

  • NO piensa.
  • NO siente.
  • NO tiene sentido común.
  • NO reflexiona.
  • NO tiene consciencia.
  • NO sabe si lo que responde es VERDAD o MENTIRA en un sentido humano.

La Inteligencia Artificial (IA) solo determina qué palabra o elemento tiene más sentido matemático poner después de otro.

Lo que la Inteligencia Artificial SÍ hace:

  • Procesa volúmenes masivos de datos a una velocidad que una persona le tomaría años, décadas o simplemente nunca podría.
  • Encuentra patrones y ejecuta instrucciones basadas en la información que se le proporciona.

El problema principal surge cuando nos da una respuesta deficiente y concluimos rápidamente que «la IA no sirve». En la mayoría de los casos, la herramienta hizo exactamente el cálculo de lo que pedimos… o de lo que creímos que le pedimos. Aquí entra nuestro ego humano: nos resulta más fácil culpar a la máquina que admitir que no supimos dar una instrucción clara, ordenada y precisa.

Antes de necesitar un curso de IA, necesitamos aprender a escribir

Dado que la IA calcula con base en los datos que le suministramos, si nos da flojera estructurar la información o no sabemos cómo transmitir una idea, jamás veremos el verdadero alcance de esta tecnología. Por ejemplo, cuando en WhatsApp escribimos «k» en lugar de «qué», obligados por una apretadísima agenda que nos obliga a ahorrar tres segundos en lugar de escribir correctamente.

Hoy se promocionan miles de cursos para «aprender Inteligencia Artificial», pero la realidad es otra: lo que primer necesitamos son cursos para aprender a escribir, redactar y estructurar la sintaxis. Y ya ni se diga un curso de comprensión lectora. Materias básicas que se suponía debíamos dominar desde la educación primaria.

Si no sabemos comunicar una orden con lógica, ortografía y claridad a otra persona, mucho menos podremos hacerlo a un algoritmo. Mientras no aprendamos a expresarnos con precisión, la IA solo reflejará nuestra propia incapacidad de resolver problemas.

Si no sabemos comunicar una orden con lógica, ortografía y claridad a otra persona, mucho menos podremos hacerlo a un algoritmo.

La responsabilidad es humana: ¿Potenciar la razón o la ignorancia?

Entonces, ¿es bueno o malo usar la IA? La IA es un recurso extraordinario que llegó para quedarse, y personalmente creo que es muy bueno usarla, siempre que entendamos dos reglas fundamentales:

  1. Tenemos la responsabilidad de entrenarnos a la par de ella.
  2. La última palabra y el criterio final siempre lo tenemos nosotros, no la máquina.

Bajo nuestra responsabilidad está tomar decisiones inteligentes y conscientes, potenciadas con la IA… o tomar decisiones absurdas e inconscientes, igualmente potenciadas con IA.

Escuchamos a diario noticias alarmistas que aseguran que la Inteligencia Artificial acabará con la humanidad en cinco años. La realidad apegada a los hechos es otra: lo que verdaderamente puede deteriorar a nuestra sociedad en mucho menos tiempo no es un algoritmo, sino nuestras propias decisiones cargadas de ignorancia, prejuicios, sesgos, miedo y desinformación… magnificadas por líderes y ejecutores cada vez peor preparados.

La herramienta solo amplia lo que entregamos. Si le damos criterio, estructura y dirección, obtendremos grandes resultados. Si le damos confusión y pereza mental, solo multiplicamos el caos.

Por: Donald Flores

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

NÚMERO DE VISITANTES

5.888 visitas

Frase de la semana

«No hay caminos para la paz; la paz es el camino.»

~ Mahatma Gandhi