Evaluaciones de la Administración de Control de Drogas (DEA) y reportes presentados ante el Comité de Servicios Armados del Senado estadounidense señalan que la oferta global de cocaína dentro de Estados Unidos no ha sufrido reducciones significativas. La droga decomisada en áreas objetivo sigue mostrando niveles de pureza consistentemente altos y los precios en el mercado final no han aumentado, dos métricas clave que indican estabilidad en el suministro.
Al reprimir una ruta o modalidad, los carteles desplazaron su logística hacia otros métodos y geografías:
- Cambio de embarcaciones: Dejaron de depender exclusivamente de lanchas rápidas pequeñas en aguas internacionales y aumentaron el uso de barcos de mayor calado.
- Aproximación a las costas: Las rutas se desplazaron más cerca de las aguas territoriales de los países costeros, donde las fuerzas militares de Estados Unidos tienen restricciones operativas para abrir fuego o realizar maniobras de interdicción directa.
- Redireccionamiento aéreo: Se identificó un incremento en vuelos clandestinos cargados de droga desde Sudamérica hacia Centroamérica y el Caribe para evadir los patrullajes marítimos.
Aunque las operaciones navales han destruido docenas de embarcaciones e incautado cargamentos puntuales, los niveles récords de producción en las zonas de origen (particularmente en los Andes) generan una sobreoferta que absorbe las pérdidas logísticas sin alterar el flujo final hacia el mercado consumidor.


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